Difícil explicación diría yo...y difícil de comprender algo tan apremiante, tan exigente y aunque a veces aletargado...siempre presente, creando confusión, ansiedad y contradiciéndose a veces.
No se puede definir como bueno ni malo, es algo que arde todo el tiempo, y en todas direcciones; está ahí, en lo externo y profundamente en lo interno.
Se dispara con tan solo una mirada, un roce, un beso, un pensamiento y una vez lo hemos probado ya no sabemos o queremos estar sin él. Es el motor de nuestra vida, algo que nunca podremos saciar, una búsqueda incesante que nos deja los recuerdos de aquellas personas con las que lo hemos compartido y nos invita una y otra vez a probarlo de nuevo.
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